Algunos judíos
conversos o criptojudíos escaparon de la península con las oleadas de
conquistadores del siglo XVI y el flujo se repitió en los siguientes 300 años
pese al auge de las comunidades judías de los Países Bajos. América era para los marranos o sefarditas un espacio donde
podían recrear también su “Nuevo Mundo”. A veces comprando los pasaportes y a
veces cuidados por las mismas autoridades, familias de judíos conversos se
embarcaron en la aventura de América.
Guadalajara allá por
los años de la segunda década del siglo XVI, cuando aún era nueva, fue testigo
de uno de los épicos escapes del que pudo haber sido un rabino del siglo XVI. Pero su caso nos deja ver que no era el único
y que además, recibió ayuda de otros habitantes de la ciudad que aún contra las
autoridades establecidas hicieron lo posible por permitir que el denunciado escapara.
Juan Bautista de
Corvera se dedicaba al comercio del cacao y era poeta. En 1564 visitó
Guadalajara para cobrar ciertas cuentas que tenían vecinos tapatíos con
comerciantes de la ciudad de México. En
una reunión donde se encontraba Lope de Cisneros, vecino de la ciudad,
declamó la “Pregunta” compuesta por un autor de apellido Eslava:
“Milenio contra
Apolindo.
La fuerza que es más
fuerte te domeñe
El duro corazón
rebelde y fiero
Ésta tus ojos abra
compañero
Y a discernir el
bien del mal te enseñe.
Aquestas tus
potencias así empeñe
Que conocerte haga
lo que es vero,
Y el bien de que ora
estás tan extranjero
Después que le
apetezcas te desdeñe.
La blasfemia pagues
que hablaste
Delante de un espíritu
del cielo,
Bajando hermosura
tan subida
Que por honra de
Dios está en el suelo,
Así mismo te culpes
que pensaste
Tratar de una verdad
tan conocida”
“Milenio” representa
al cristiano viejo y “Apolindo” al cristiano nuevo. A grandes rasgos el poema habla del judío que
por fuerza ha abandonado su fe para convertirse en católico. El poema fue declamado en una reunión donde
se encontró Alonso Alvarez de Espinosa de 60 años, minero de Xocotlán que tenía
deudas con Corvera y Lope de Cisneros. Este último pide a Corvera por escrito
lo declamado y lo presentó al chantre de la catedral Alonso de Miranda y al
presidente del cabildo Correa, los dos le advierten tenga cuidado. El documento
cae en manos del Dr. Alarcón y el provisor del Santo Oficio de apellido Rincón en
la catedral y mandan que Corvera se presente al siguiente día ante él. Rincón falleció dos o tres días después.
Se desató luego una
encarnizada puja en la almoneda de los bienes de difunto entre el canónigo
Urieta y Corvera. Urieta cree que la “glosa”
está sobrevaluada y la deja para Corvera pero llama la atención del Canónigo y
antes de entregarla la lee. Apoyado por
Alvarez, Corvera es denunciado ante el obispo Pedro de Ayala quien solicita la
presencia como testigo de Lope de Cisneros.
El testigo no supo que hacer y habla de lo ocurrido en la reunión donde se declamó la “Pregunta” y
argumenta que no entiende nada de lo que se dice. El Obispo cita entonces a Corvera y al licenciado Jerónimo Lossada, dueño de la casa donde se hizo la reunión. El último es rápidamente exonerado sin
cuestionamiento alguno pero, los testimonios de Juan de Aranda, hunden a
Corvera. Ayala manda Aranda que dé aviso
de la detención al lic. Alonso de Oseguera porque no hay cárcel de la
Inquisición. Oseguera manda a Aranda con
Juan Sánchez y Juan Sánchez lo regresa con Ayala para que le dé una orden por
escrito.
Al regreso con la orden escrita, Aranda
descubre que Lope de Cisneros y Corvera pasean plácidamente por la plaza
platicando con otros hombres. Oseguera y
Juan Sánchez dan suficiente tiempo al denunciado para que escape. Corvera sigue prófugo unos días después cuando
Juan Sánchez en compañía de Aranda se presentan a la casa de un tal Baeza donde
encuentra al licenciado Oseguera con quien cruzan palabras que Aranda no puede oír. El obispo Ayala llega de improviso y entra en busca
de Corvera y no lo encuentra. El grupo encabezado por Sánchez, ya sin el
obispo, salen a busca a Corvera y se encuentran de nuevo con el licenciado
Oseguera quien les dice que Corvera acaba de salir camino para México. Aranda descubre que Corvera acaba de salir de
casa de Esteban Ginovés y se informa allí que el denunciado anda por la
plaza. Al grupo se une Pedro de Baeza
cuando Corvera se entrega voluntariamente a la justicia.
Al denunciado solo
se le puede incautar una silla estradiota de su
propiedad que estaba en casa de Lope de Cisneros. Del dinero cobrado por las deudas, nada. Aranda dice que en la huerta de Urbina hay
tres caballos propiedad de él pero Bernaldino Vazquez y un hombre de apellido
Tovar aseguran conocerlo pero niegan que los caballos sean de él y aseveran son
propiedad del licenciado Oseguera. La
“silla estradiota” vuelve a su dueño original quien es finalmente liberado el
30 de mayo 1564 cuando Pedro de Ayala comprueba que Corvera no es el autor de
la “Pregunta” y tras pagar una multa de mil pesos.
En el proceso
intervienen varios personajes que no solo se conocen entre sí si no que también
se protegen y lo hacen con Corvera quien los visita regularmente. Lope de Cisneros, Pedro Baeza, Diego Guzmán y
Vicente Saldívar vecinos de Guadalajara tienen una relación cercana con los
canónigos Alonso de Miranda y el doctor Alarcón sin contar con la ayuda del
licenciado Oseguera. Al grupo hay que
añadir a Esteban Ginovés y Alonso Vera.
En casa de cada uno de ellos fue hospedado Corvera y todos participan en
el ocultamiento de Corvera dando tiempo suficiente para que esconda sus
propiedades antes de ser apresado y sus pocos o muchos caudales caigan en manos de la Inquisición. A
pesar de que Aranda prueba en el juicio que Corvera fue protegido por todo el
círculo amistoso tapatío y no se tocó a
ninguno de los implicados ¿Tenían todos negocios de tanta valía como para
esconder de la Inquisición a Juan Bautista de Corvera? ¿Eran acaso miembros de
un grupo selecto del que sabemos se reunía de vez en cuando?
Uchmany, Eva Alexandra...
Villaseñor Bordes, Ruben, La Inqiusición
en la Nueva Galicia,Banco Refaccionario, Guadalajara, México, 1959

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